EL FUTURO DE EUROPA DEPENDE DE LA CAPACIDAD DE SUS CIUDADES PARA AFRONTAR LOS RETOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO

Es uno de los principales mensajes derivados de un reciente informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente, publicado en este año 2012, sobre los impactos del cambio climático en las ciudades europeas (EEA Report No 2/2012). El informe complementa a otro, también publicado este año, que trata sobre los impactos del cambio climático en el conjunto de la Unión Europea (EEA Report No 12/2012)

Ambos forman parte del programa de la Unión Europea para el desarrollo y aplicación de las estrategias de adaptación a los impactos del cambio climático. 

En el contexto global del cambio climático, las ciudades aparecen como las principales causantes del cambio climático, atribuido a la acción antrópica: en ellas se consume el 75% de la energía mundial y de ellas procede el 80% de los Gases de efecto de Invernadero; pero, al mismo tiempo, son las zonas más vulnerables a los efectos negativos que tales cambios provoca. El cambio climático, por tanto, representa un importante desafío para las políticas de desarrollo territorial y urbano que deben afrontar las medidas adecuadas para minimizar o reducir los impactos negativos que el aumento de la frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos están provocando a escala global y en el conjunto europeo. 

Las ciudades son áreas muy vulnerables a la variabilidad natural del clima, no sólo por la población afectada, sino también, por las radicales transformaciones del espacio natural que el desarrollo urbano genera: el asfalto, los edificios y el trazado de la red viaria modifican los balances de radiación entre el suelo y el aire, reducen la evaporación, aumentan la escorrentía superficial y disminuyen la velocidad del viento a la vez que aumenta la turbulencia. Todo ello se traduce en un clima urbano característico en el que la contaminación del aire y el aumento de las temperaturas son los dos rasgos más sobresalientes. Por otro lado la población urbana, especialmente en los países más desarrollados como es el espacio europeo, es una población cada vez más envejecida lo que aumenta los denominados grupos de riesgo. 

En Europa más de las tres cuartas partes de la población viven en zonas urbanas y la proporción de los grupos de riesgo es muy elevada, tal y como se observa en el mapa adjunto. 


Las proyecciones del clima futuro, por su parte, auguran un aumento de los extremos climáticos, cuyos efectos negativos se verán acrecentados en las zonas urbanas, especialmente aquellos relacionados con el aumento de las olas de calor, el aumento de la intensidad pluviométrica e irregularidad y disminución de las precipitaciones. Son estos tres aspectos los que de forma más detallada se recogen en el informe y cuyos resultados más relevantes exponemos a continuación:

Las olas de calor: Los mapas siguientes muestran como los días cálidos aumentarán de forma notable a lo largo del siglo XXI, al mismo tiempo que se expande hacia el norte el área afectada por los mismos. 


La densidad de edificios y de superficies asfaltadas es una de las causas del aumento térmico efecto conocido como “isla de calor”, por lo que es de esperar que en las ciudades las intensidad de efectos de las olas de calor se verán agudizados. Las ciudades más meridionales son las que de manera más acusada sufrirán estos impactos negativos y son precisamente en estas ciudades donde la proporción de espacios verdes, capaces de amortiguar estos efectos, ocupan una extensión menor, tal y como se refleja en el mapa siguiente. 


Inundaciones: La combinación de superficie impermeable y precipitaciones intensas, favorece las inundaciones en las zonas urbanas. Numerosas ciudades del centro y este de Europa se verán afectadas por el aumento de los caudales extremos previstos en los modelos climáticos. 


La escasez de agua: es el tercer factor de riesgo, con mayores repercusiones en las ciudades debido al cambio climático. Tal y como se observa en los mapas siguientes, la escasez de agua que actualmente representa un problema importante especialmente en los países del sur de Europa (primer mapa de la izquierda) se extenderá a mediados del siglo a amplias zonas del conjunto europeo (mapa central), afectando a un elevado número de la población urbana. Por tanto, es de esperar que, exceptuando a las ciudades del norte, el resto tendrá problemas de suministros. 


Es interesante resaltar, que mientras que los impactos asociados al calor y a las inundaciones tienen un carácter local, la escasez en el suministro de agua creará conflictos con las regiones vecinas y con otros sectores productivos como la agricultura. 

Los impactos que acabamos de enumerar plantean importantes desafíos a las políticas de gestión y planificación urbana y regional, cuyos objetivos deberán centrarse en la mejorar la calidad ambiental en el entorno propiamente urbano, la disminución de las emisiones de contaminantes y la eliminación de construcción e infraestructuras en espacios vulnerables a las inundaciones. La mitigación de la isla de calor, la construcción de edificios más eficientes desde el punto energético y un urbanismo más acorde con las condiciones climáticas del entorno son lagunas de las medidas que favorecerán la consecución de estos objetivos. Para ello se proponen cambios importantes en los métodos tradicionales de actuación, principalmente relacionados con la incorporación de infraestructuras verdes (green infrastructure), como parques, bosques, tejados y paredes vegetales, espacios libres por donde pueda circular el agua, etc. que complementen o sustituyan a las tradicionales (gray infrastructure), como el uso de aire acondicionado o la construcción de diques, basadas en un alto consumo energético, que, a su vez, contribuye al aumento de las emisiones de contaminantes y al calentamiento urbano. 

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